21 enero 2008

La fiesta de B. En el Desig. Noche fresca y dorada. La luna entera en una mancha de semen. Las calles del Barrio de Gracia, cremosas. Una siniestra bandera independentista al paso. Muchachas, muchachos. Llegamos. Dentro, calorcillo, amigos. B. rutilante en un vestido de seda, boca roja y la estupenda risa sucia. Su piel es mármol transparente y sus encías el interior de un caracol. Nos besa y sus labios saben a cava. Bajamos a la galería subterránea. Ese ruido que llaman ahora música a todo dar pero hay tantas mujeres y hombres hermosos en movimiento que es tolerable. Dos estrellas porno centellean. Una brasileña que está para bebérsela de una sentada y otra de algún país del este larga y esbelta como un junco y de irresistible nariz fálica. Viene Foxy y nos pregunta si todavía está en pie la oferta. Por supuesto. La pobrecilla es virgen de culo y yo me he ofrecido a librarla de tan pesada carga. Se ha cortado el pelo y parece una tigresa a punto de devorar a alguien. Que sea a mí. No lleva sus trajes aceitados sino un vestido casi formal pero esto acentúa su atractivo. Voy al baño, dejo la puerta abierta, mientras meo entra una dama de negro hasta los labios, misteriosa como un nenúfar, hola, dice, hola digo, se lava las manos y se queda a verme mear. Ostras y cava y cuadros anticlericales. Un obispo con cara de mandril, un cardenal al que se la chupa un niño. No es Bacon pero se agradece la irreverencia. G. más comestible que nunca, perfecta anfitriona de su mágico lugar. Lo gelatinoso crece, lo libre cimbra. B. baila. Su pareja tiene unas tetas blancas y gigantescas que despiertan al bebé que hay en mí: se pone a berrear hambriento.

Cuántas mujeres bellas. Pero M. las desbanca a todas. Qué mujer. Enfundada en su vestido rojo y negro es un pétalo majestuoso que a su paso deja un hervor de salivas. Le baja una musiquita por los muslos, la piel le huele a chocolate. Yo daría la vida por cualquiera de sus olores.


Inesperadamente, encontramos nuevos amigos. Conversamos lo que queda de la noche.



Michaela Pavlatova. El carnaval de los animales



Correspondencia

Estimado Juan, mañana me daré una vuelta por ese lugar que mencionas y que parece que hay que conocer.
Y haré más cosas.
Por la tarde voy a echarme a la calle para decir a quien haga falta que nos dejen en paz con el tema del aborto. Que el cuerpo es nuestro y de nadie más y que somos las únicas con capacidad para decidir qué hacer ante una situación como ésa. Ellos NO.
No quiero callarme ante algunos desmanes que esta puta de Babilonia está provocando y potenciando. ¡Hombres Malditos! ¿Quién les da derecho a decidir sobre lo que debemos o no debemos hacer? ¿Quiénes se han creído que son para INTERVENIR en nuestras vidas?
Si me rebelo ante un hijueputa – y de alguna manera se lo he manifestado con mi mirada insultante – que camina por la calle con dos bultos de ropa negra detrás de él, en los que únicamente destaca una tirilla algo menos tupida a la altura de lo que deben ser sus ojos; que en el centro asistencial no permite que esos bultos consulten con su médico si no es en su presencia ¿cómo no lo voy a hacer con esta pandilla de mamones y pederastas que quieren decidir sobre mi cuerpo y sobre mi vida, sobre los cuerpos y vidas de todas nosotras en nombre de no sé que clase de moral, de no sé qué clase de dios?
Y haré alguna cosa más. Un cine y un par de exposiciones que veré en la mañana. Es como si estuviéramos de vacaciones. La verdad es que en mi situación de ‘desempleada’ cuando él lo está, yo también. Ni a los hijos les diremos que estamos en BCN. Dormiremos por ahí...

Un beso.
Estrella

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© Juan Abreu, 2006-2018