10 octubre 2006

Hay un país cuyo dirigente supremo lleva doce años muerto…

Bien, prosigamos: un país que no es un país sino una pesadilla orweliana pero mucho peor. Un país-campo de concentración gobernado por el crimen, la represión y el hambre.
El delincuente que controla en la práctica ese horror con himno, ejército, bandera, fronteras y representación internacional, usa plataformas y se hace la permanente pues tiene complejos de enano. Dicho orate, alcohólico y asesino connotado por más señas, se hace llamar por decreto “Sol Invencible”.

Este país acaba de hacer una prueba nuclear y dentro de muy poco dispondrá de armas atómicas.

Dulces sueños a todos…

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© Juan Abreu, 2006-2011