28 septiembre 2006
Según un periodista alemán que ha estado buceando en sus cartas, Ernest Hemingway mató a sangre fría a 122 prisioneros de guerra nazis. Los asesinatos se produjeron cuando el escritor servía en calidad de periodista, con grado de oficial, en el 22o Regimiento de la IV División de Infantería del Ejército Norteamericano. Nadie ha investigado los hechos, así que no hay pruebas aparte de la confesión del escritor.
¿Por qué confesar algo así? ¿Orgullo? ¿Vanidad? ¿Fanfarronería?
Hemingway, en carta enviada a su editor Charles Scribner: “Una vez me encontré con un kraut SS especialmente chulo. A mi advertencia de que le dispararía si no renunciaba a la fuga, me contestó: No me dispararás, porque tienes miedo de hacerlo y perteneceis a una raza de degenerados bastardos. Además, viola la Convención de Ginebra sobre prisioneros de guerra”.
En respuesta, el escritor le pegó tres tiros en el estómago, y un cuarto en la cabeza. “El cerebro le salía por la boca y la nariz”, detalla el autor de Los asesinos.
En otra carta, dirigida a Arthur Mizener, profesor de Literatura de la Universidad de Cornell, cuenta Hemingway como mató a un joven de 16 o 17 años que trataba de huir en una bicicleta: cogió un arma del calibre 30 y le disparó por la espalda. Y en esta misiva, puntualiza: “He hecho un cálculo con tranquilidad y puedo decir con precisión infernal que maté a 122”.
Dios los cria y Nobel los junta

Comentarios:

Si hubiese matado un comunista, uno solo, o no, si nada más hubiese dicho que todo comunista merece la muerte, ay, la que se armaría; ya oigo el chillar de las ardillas, sus conciliábulos y comités para quitarle el Nobel, para exiliarlo del Olimpo de la corrección política. Moraleja. Si te gusta matar. Mata un nazi, un burgúes, un exiliado cubano, entre más, mejor, pero jamás se te ocurra matar un comunista. Gramsci lo prometió y el izquierdismo intelectual lo cumplió.
— AA, 29/09/06