2 noviembre 2007
Estampas (8)
Me saco trabajosamente del sobaco. No abro los ojos, pero sé que la habitación es miel bajo el agua. Sería estúpido tratar de describir el olor de su piel. Bajo y preparo el café con leche, corto una rodaja de tomate, meto la tostada en la máquina. Galletas. Vistazo a los diarios la misma mierda siempre. Tenemos que ir a la Toscana. Afuera esmeralda. Planes para hoy: con ayuda de M., ordenar el inclasificable libro sobre mi infancia y juventud en el que trabajo. Y terminar Claus y Lucas de Agota Kristof. No importa lo que pase en la tercera parte. La primera, El gran cuaderno , es una obra maestra. Pensé que muerto Bernhard ya no quedaban escritores así. Me gustaría tener El gran cuaderno en una edición independiente. En mis manos solitario y poderoso y radiante. No estoy seguro de que sea una buena idea leer las tres novelas juntas. Ya sé que T. que me recomendó a la Kristof quizá se espante pero solté muchas risas leyéndola. Es de esos raros escritores terroríficos y divertidos. Una prosa llena de piedad despiadada. Hay algo hermoso en el horror humano.

Comentarios:

Querido Juan, la primera parte… es exactamente así, no hay palabras. O sí, pero no vale la pena usarlas. Y bueno… algo se lee, de vez en cuando. Un saludo y muchas gracias.
— Sin importancia, 02/11/07
Sin importancia, vaya estupendo lector que se nos descubre. Seguro tiene usted razón y las tres novelas terminan siendo un juego espléndido. Pero esa primera parte…
De acuerdo en lo referente a La analfabeta. Es casi milagroso lo que consigue expresar en tan pocas páginas.
Saludos.
— JA, 02/11/07
Querido, Juan. Es impresionante esa trilogía de A. K., el tercer tomo es maravilloso y convierte las tres novelas en un “juego” espléndido. Coincido contigo, El gran cuaderno es tan grande como la pentalogía autobiográfica de T. Bernhard. Yo, además, leí de Agota Kristof, La analfabeta (si no la has leído, búscala). Sorprende cómo se puede contar tanto con tan pocas palabras. Un saludo
— Sin importancia, 02/11/07