9 septiembre 2006
Dominical.
Todo buen escritor tiene el deber de ser incómodo. Toda buena literatura es por definición irreverente y subversiva. La complacencia, el deseo de aceptación, el miedo, son los peores enemigos de todo buen escritor. Incordia y acertarás.
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Un sol mitigado y ojeroso, vino blanco helado en los aledaños y varios himnos arrojados al tacho de la basura conforman un confortable escenario para entregarse a la lectura. Despacho un ligero, ligerísimo librito de Kurt Vonnegut. Ni idea de lo que significa la palabra humor. Destellos esporádicos. Lo mejor, el título: Un hombre sin patria. Tufo a invento de un editor listillo. Sobre el mantel irradiante, azul, dos maravillas: Michael Kohlhaas, de Heinrich von Kleist y Vida de un loco de Ryunosuke Akutagawa.
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Y siempre a mano versos de Quevedo.
Cágome en el blasón de los monarcas
que se precian, cercados de tudescos,
de dar la vida y dispensar las Parcas.
