27 septiembre 2006
Este trozo de Stephen Crane. Que estuvo allí.
“En realidad era el gran momento – el momento que hombres, naves, islas y continentes habían esperado durante meses -, pero de alguna manera no lo parecía. Todo estaba en calma; una franja de costa alta, verde y rocosa poblada rápidamente por el desembarco de un bote tras otro; eso era todo. Como muchos momentos preconcebidos, este rechazaba ser grandioso.
Pero nada rebajaba el frenesí del pequeño Nell. Sabía que el ejército estaba desembarcando – lo podía ver y le importaba muy poco que el gran momento no pareciera tal – . Formaba parte de su oficio como corresponsal distinguir los grandes momentos bajo cualquier disfraz. El Johnson echó al agua un bote para él y se lanzó dentro rápidamente, olvidándose de todo. El segundo de a bordo, un barbudo filántropo, le arrojó un chubasquero y una botella de whisky. El pequeño Nell giró el rostro hacia esos otros botes llenos de hombres: sus ojos se fijaron sobre la costa apacible, mansa, silenciosa. El pequeño Nell vio a muchos soldados sentados con rigidez junto a los toneles de rifles, sus pechos azules cruzados por tiendas de campaña blancas y rollos de mantas. Las lanchas chirriaban; los marineros empujaban sus bicheros o tiraban de ellos; una playa bullía con el trabajo de los soldados, algunos de ellos en cueros. El bote del pequeño Nell tocó tierra en medio de un rumor de voces, dominado en ese momento por una única y severa voz que repetía: Formen filas, Compañía B.
Tomó su chubasquero y su botella de whisky e invadió Cuba.”
Heridas bajo la lluvia, Un relato de la guerra de Cuba, Editorial Rey Lear, 2006.
Crane sirvió como corresponsal de guerra en la isla, en 1898, poco antes de morir, a los 28 años. Wounds in the Rain se publicó postumamente, en 1900. Había permanecido inédita en español hasta ahora.
Un grupo de historias escritas con un vigor musculoso y a ratos deliciosamente trémulo. Una prosa de carne joven y sangrienta.
Ayer, de madrugada, regresé a los paisajes de la isla pavorosa. Era otra, mejor sin duda en medio de la balacera.
Gracias muchacho, un libro vivo que ya sabemos lo raro que es.
