7 noviembre 2007
¡Qué enorme placer la lectura de Días malditos (Un diario de la Revolución) de Iván Bunin!
Moscú, Odessa, años 1918 y 1919.
La voz colérica y valiente del escritor frente a la barbarie. Es decir frente a la pandilla de asesinos, bandoleros y desalmados rufianes bolcheviques.
En plena orgía (lamento usar esta bella palabra en tan sórdido contexto) de sangre y estupidez, Bunin escribe y busca escondites para sus papeles.
“Anoche se me ocurrió un escondrijo para estas notas, donde creo que no las encontraría ni el mismísimo diablo. Aunque el diablo, con la que hay ahora, no es más que un mocoso cualquiera. De todos modos podrían acabar encontrándolas, lo que me costaría el pellejo”.
Mi tipo de héroe.
El ambiente de miseria espiritual generalizada, la enervante eclosión de la chusma, la cómplice sumisión de los intelectuales (el grotesco Maiakovsky, el canallezco Gorki) el horror constante, me recuerdan lo vivido en la isla pavorosa.
Bunin los retrata con tino y certidumbre inapelables:
“Por las calles todavía claras, pero ya extrañamente vacías, corren hacia esos clubes y teatros en fogosos automóviles los representantes de la nueva aristocracia roja, generalmente acompañados de emperifolladas mujerzuelas, a ver a sus serviles actores: marineros con enormes revólveres Browning sujetos a sus cinturones, carteristas, truhanes de toda laya y ciertos petimetres cuidadosamente afeitados, vestidos con guerrera, pantalones arrugados hasta la indecencia, elegantísimos botines, siempre con espuelas y todos ellos con dientes de oro y los grandes y oscuros ojos de los cocainómanos…”
Qué exacta y hermosa descripción de esa gentuza.
Sus no menos repugnantes descendientes entraban en La Habana cuarenta años después.
Lo publica Acantilado, en magnífica traducción de Jorge Ferrer.
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Vía Correspondencias Arcadi Espada.
“Pero lo que nadie, nadie va a recordar y hoy se cumplen sesenta y nueve años, es del bombardeo de Cabra por la aviación republicana el 7 de noviembre de 1938, en el que murieron más de 100 personas, daño notabilísimo para la época y porque se trató de civiles, en día de mercado se bombardeó el mercado, con el agravante de que la línea principal del frente, en la guerra fraticida que terminaría en breve, se encontraba muy lejos del sur de Córdoba, en el Ebro.
Pero, no eran vascos, no tenían un Picasso que pintase sus gritos, ni sus lágrimas conmovieron a nadie.
Hoy que se pretende reescribir el pasado y volver a dibujar las fronteras de buenos y malos, nadie se acordará de esta masacre y siempre nos quedará Guernica.”

Comentarios:

Don Juan: visto que ya has comprado los Días malditos de Bunin, y como que yo te tenía reservado ejemplar que tu impaciencia no esperó, te propongo regalemos ese ejemplar a ti destinado, a un lector de Emanaciones. Ya decidirás tú cómo hacer la selección, de haberla. El libro espera sobre mi mesa…
Salud.
— j. ferrer, 09/11/07
Pregúntele a Espada si él va a recordar de la misma manera el bombardeo del mercado de San Luis y del Liceo Escolar de Lleida, por las mismas fechas, aunque en esta ocasión los aviones fueran alemanes. Murieron niños, jóvenes y adultos. Civiles. Inocentes. Más de doscientas personas. Al menos 48 niños entre 7 y 11 años. Había que escarmentar, atemorizar. Era la guerra.
Si queremos recordar para que no vuelva a suceder debemos recordarlo todo porque el horror fue de un lado y del otro. Lo que sucede es que los que ganaron tuvieron cuarenta años para recordárnoslo a diario y por otra parte, aun siendo ganadores, continuaron fusilando y encarcelando.
La ley de la Memoria no trata de recomponer el horror de la guerra, a favor de unos o de otros. Trata de que a los que les acabaron la vida por ser perdedores les devuelvan la dignidad que les fue negada. Dignidad que encarcelaron, que fusilaron, que desaparecieron. Dignidad que ni sus hijos ni siquiera sus nietos han podido, setenta años después, hacer manifiestamente pública.
No se trata de lanzar dolor sobre dolor. No se trata de ellos más o nosotros menos. La guerra es muerte y horror para todos.
No es eso, Arcadi Espada no es eso… Al menos para mí y gente bien cercana y querida, que de alguna manera formamos parte de esa historia.
— estrella, 07/11/07
Gracias por el piropo, Don Juan. Y más gracias por disfrutar de ese libro de veras magnífico, y aleccionador.
— j. ferrer, 07/11/07
“En junio de 1919, Lenin declaraba: «Sería una gran vergüenza mostrarnos dubitativos y no fusilar por falta de acusados».” Alain de Benoist, “Comunismo y nazismo”
— Sin importancia, 07/11/07