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Pedro Luis Boitel. Hace treinta y nueve años. La madre. Esta llamada telefónica. Guillermo Cabrera Infante la recoge en Vista del amanecer en el trópico. Habla la madre de Boitel:

YO NO PUEDO ESCRIBIR… qué va, si estoy deshecha. Más adelante. Le dices que hay que soportar esta pena, pero que lo que le han hecho no tiene nombre. Óyeme… y fuimos al cementerio anteayer y nos corrieron atrás perseguidoras y todo, y fuimos decentemente, y nos salieron al paso cerca de trescientas milicianas y doscientas perseguidoras -le tienen miedo hasta después de muerto, hijita. Se lo dices al mundo libre, si es que existe algo… ¡porque no existe nada! Fíjate bien… porque yo llamé y les dije que mi hijo se me estaba muriendo por la Patria, ¡coño! ¿Dónde están los derechos humanos? ¡Eso es lo más grande que hay! Tu sabes lo que es que me lo entierren y a los tres días me lo vienen a avisar… no chica, no… no … no … ¡NO! ¡NO! ¡NO! ¡Eso no tiene nombre! Por salvar a mi hijo estuve doce años luchando para que se me muera como un perro, que no sabía ni dónde estaba… si no me querían decir ni dónde estaba, chica, dónde estaba enterrado. Estuve presa para que lo sepas… ocho horas, cuando me dijeron: Su hijo está muerto, ya lo hemos enterrado, y estuve presa, me tuvieron ahí... me hicieron atrocidades, coño. Ésta es la vida… ésta es la libertad en este país… ¡que no hubiera ni una voz que se levantara ni dijera nada!, no hubo una voz que dijera algo, para que le dieran asistencia médica, coño, que no se le puede negar a ninguno… ¡Ah, se sabía todo! ... ¡Pero no se hacía nada! Hasta el Papa… ¿de qué me ha valido a mi ser tan católica?... Y tener un hijo de una dignidad tan grande como ese, porque no hay un cubano, la verdad, no es por nada, pero es la verdad, que se ha inmolado por este pueblo tan… Lo que han hecho no tiene nombre… Tú sabes lo que es, después que me lo entierran, me dieron veinte vueltas para decírmelo. ¡Yo no pensaba que fueran tan cobardes… porque éstos son cobardes! ... Esto es lo más cobarde que hay… Tú sabes que anteayer fuimos doce mujeres a llevarle unas coronas… y nos salían detrás de las tumbas más de trescientas turbas, nos salieron allí... para que tú sepas lo que es una madre desesperada como yo, sola en este mundo, coño, que no me escuchaba nadie… me cansaba de llamarles y decirle a la humanidad: ¡Por Humanidad, hagan algo! ... Pero nadie… ¿Dónde?... ¿Allá o aquí? Porque me decían a mí no tiene asistencia médica… Y yo subía esas escaleras del Castillo del Príncipe ya que era una perra. Coño, eso no se le hace a nadie… He estado hasta presa… Me han traído tres médicos después que mataron a mi hijo… porque eso fue terrible lo que yo he pasado con eso… ¡Me han dado hasta golpes, coño! Que las penas nuestras no tienen nombre… ¡Que él ha sido todo un hombre! Ay, yo creo que ahí no se hizo nada por mi hijo… ¡Cuarenta y cinco días sin asistencia médica! Quemaron los colchones, quemaron las camas, quemaron todo pidiendo auxilio sus compañeros presos, coño, y nadie les prestó auxilio… ¡Ah! ... Lo saben, ¿no? ... ¿Qué grandes organizaciones, la Cruz Roja? ... Pero, ¿hicieron algo? ¡Murió como todo un hombre! ¡Murió por Cuba! ¡Murió por sus compañeros presos! ... Que nadie hace por ellos casi nada … porque esto es lo más grande que he perdido yo … que se le hagan misas … que se lo hagan saber al mundo lo que es esto … ¿Tú sabes lo que es no entregarle a una madre un cadáver?... Tú sabes lo que es no saber cómo murió. Tú sabes cómo persiguen. Fui a llevarle unas flores… Al hacerlo me salieron como doscientas mujeres de turba. Sin hacer nada. Sin moverse nada. Vinieron aquí a requerir, los tuve que botar de esta casa… Estoy pidiéndome paredón yo, que me den paredón. ¡Han matado a mi hijo! Óyeme me lo han llevado… Me lo han matado… me lo han matado ellos… Ay, ese hombre le dio un ejemplo al mundo. Y yo no sé ni cómo murió mi hijo… Tú sabes lo que es, ayer, anteayer fuimos doce mujeres, tristes mujeres familiares de presos… Porque ellos no lo dieron por miedo, porque tenían miedo a que se fuera a levantar el pueblo. No lo dieron por miedo, porque le tuvieron miedo hasta después de muerto. Porque quiero que lo sepas… La orden era de arriba… La orden era que había que eliminarlo. ¡No hay nada que hacer! ¡No hay nada que hacer! Tienen que hablar, tienen que hacerle ver a esos Derechos Humanos que todavía quedan muchos presos que están tapiados, que hay que ver lo que se hace por ellos, coño… ¡Porque se están muriendo, coño! ¡Porque se están muriendo, coño! Hay que moverse para eso, sabes, porque aquí hay muchos… ¡Yo voy a seguir luchando! Porque esos presos eran sus hermanos… Lo agradezco mucho pero que hagan por los demás que quedan, porque él murió por sus hermanos presos… Los Derechos Humanos… Esa Cruz Roja Internacional… Esa O.E.A… Esas figuras decorativas… ¡Mientras que estos infelices se están muriendo en las cárceles, coño! ¡Hay que ver a ese Boniato cómo está! ... Hay que ver cómo salían de ese Boniato. Porque yo me enfermaba cada vez que veía salir a uno de ellos… Y he de estar aquí, no me moveré de aquí porque ellos están luchando igual que mi hijo… No, mi hijo no me necesita. Que se alegre no haber estado aquí porque ya hubiera estado preso… No, no, qué va, si no me dan la llamada… Si ya no sé cómo tú la cogiste. Hasta ahora no han dado la voz de que ha muerto y ya lleva ocho días… Dile que se ha muerto como un macho… porque ha muerto por sus hermanos que están presos y ha muerto por esta Cuba, ¡coño! Sí... ve a la misa… den misa y sigan hablando y sigan hablando y sigan luchando por los que quedan, porque aquí hay miles todavía presos… Ahora lo suavizan un poco porque ha muerto todo un hombre, pero dentro de poco les vuelven a echar mano otra vez. Se están muriendo tapiados en Boniato, coño, sin que se haga nada por ellos. Nada… Óyeme y aquí estaré yo al pie con ellos para morirme aquí junto con ellos y poderme encontrar con mi hijo… Lo que tengo aquí algunas personas que vienen, porque no hacen más que estar vigilando y chivando y cuando no es una perseguidora es otra cosa. Esa noche vinieron más de ocho perseguidoras sin tener a mi hijo a mi lado… Al otro día me avisaron que mi hijo estaba muerto, coño. Qué va a hacerse si ése es el asesino más grande que ha dado Cuba. Le dices que me moriré aquí... Junto a los presos… Cuando me dijeron Pedro Luis Boitel está enterrado, ya está enterrado… Decirle eso a una madre… Y me cogieron presa y me metían golpes ahí y todo… No. .. No… ¡No, fíjate que ellos mismos confiesan que han cometido el error más grande de su vida! ¡Pero él ha muerto! ¡Pero él ha muerto ya! Sus compañeros de celda quemaron colchones, desbarataron las camas y todo protestando para que le dieran, para que le dieran asistencia médica, coño…

(Aquí cortan la conversación.)

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© Juan Abreu, 2006-2011