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En Gainesville, Florida, un chiflado con una Biblia dice que quemará en una hoguera algunos ejemplares del Corán. Después de un chiflado con un Corán no hay nada más peligroso que un chiflado con una Biblia.
Se ha armado un escándalo internacional. La prensa europea se tira de los moños y supura odio y amenaza violencia el mundo islámico.
No es para tanto. El chiflado tiene derecho a quemar lo que le de la gana pues vive en un país libre.
Lo que más gracia me hace son los aspavientos del mundo musulmán. Santo cielo qué ofendidos están. La Unión Europea y la ONU por el estilo. Catherine Ashton (que debería arreglarse los dientes) ha soltado una de esas frases empaquetadas, Ban Ki-moon y su traje que salvaría de morir de hambre a mil niños haitianos, han expelido alguna monserga. Por dios (léase Darwin), calma, sosiego. Hay que celebrar que exista un país donde chiflados fanáticos como el pastor Jones puedan quemar el Corán o la Biblia.
Lo que deben hacer las dictaduras musulmanas (es decir, todos los gobiernos musulmanes) es luchar por niveles de libertad semejantes a los de USA para sus propios países. ¿Qué le pasaría a un ciudadano en un país musulmán que se atreviera a quemar el Corán cosa a la que naturalmente tiene derecho? Bueno bueno. No quiero ni pensarlo.
El Vaticano (experto en quemar libros) ha dicho que la iniciativa de Jones es un “ultraje a un libro considerado sagrado”.
Una soberana estupidez. No hay ningún libro sagrado.

















