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El angelical P. y La Pez siguen rumbo a Brindisi. Antes, comemos en el comedor tipo nave espacial del hotel y bebemos un estupendo vino blanco alemán.
Sí, basta de esnobismo. Alemán.
Adiós, adiós, que el dios de la aventura los acompañe.
Nosotros otra vez al ferry y a Messina donde abordaremos un tren con destino a Palermo. Pasaremos la noche aquí, junto al mar. Oigan esto: mamar es hoy diferente. Tiene una connotación épica. Hay un antes y un después de los guerreros de bronce. Medito mirando la mole negra del Etna sobre cómo ha influido la visita a las esculturas en esta actividad medular.
Y todavía hay quien dice que el arte no modela la vida.
Cenamos rodeados de japoneses y allá costurones de espuma.
Mañana el tren cancaneará contra el aire caliente bordeando la costa. Y de noche volaremos a casa.

















