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Hago un alto en mis labores, me bebo una alemana y miro los diarios. Han atrapado a una alimaña etarra. La alimaña en cuestión en nombre de la Patria Vasca los bailes autóctonos el trapo nacional el espeluznante himno y alguna otra sandez le pegó cuatro tiros a un enemigo de la Patria Vasca mientras el enemigo (otro vasco) civil y desarmado desayunaba en un bar.
Viva la Patria.
Vi en la televisión como alimañas del entorno de la alimaña apresada camaradas autóctonos y gente por el estilo gritaban ánimo ánimo al asesino mientras se lo llevaban. Y golpeaban los furgones de la policía y se enfrentaban con la policía en defensa del asesino. Esto en un pueblucho lllamado Hernani. Qué gentuza.
Habría que hacerle a la alimaña recién atrapada un juicio rápido y certero y después fusilarlo o ahorcarlo o alguna otra solución higiénica, digamos una solución desinfectante.

Vuelvo a las alemanas. Qué asco el mundo. Cojo otra vez las herramientas y regreso al trabajo. El sol me quema el lomo pero yo impertérrito. Levanto mis nuevos y magníficos binoculares que no me los quito del cuello ni para follar y enfoco el comedero. Ahí están, a un palmo de mi nariz, negros y amarillos. Tengo pinta de Crusoe y una sed monumental.

Construyo un emparrado.

Por el trabajo físico y por la alegría de que atraparan a la alimaña desarrollo una notable erección.

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© Juan Abreu, 2006-2011