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Los israelíes y los árabes están otra vez matándose por los lugares sagrados.
Caramba. Qué gente tan religiosa.

Propongo bombardear los lugares sagrados.

Bueno, también pueden echarlos abajo con dinamita o con maquinaria de demolición. Pero eso sí, que no quede nada. Porque como subsista un huesillo o una piedra coloreada o un pelo de camello o un pedazo de mierda petrificada encima levantan en un plis plas cuarenta nuevos templos sagrados.

¿Qué hacer con el espacio que hoy ocupa Jerusalén, o la Meca, por poner sólo un par de espantosos ejemplos? Pues construyan supermercados gigantes, universidades, hospitales, en fin algo que no sea un monumento a nuestra cobardía, a nuestra imbecilidad.

Para mí el culo de un burro es más sagrado que el lugar más sagrado. Por qué pelearse por un montón de piedras infectadas de oscurantismo, superticiones, odio y sangre.

¡Por la santa atmósfera que de tantas cosas nos protege cómo no ven que todo puede resolverse con un higiénico bombardeo!

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© Juan Abreu, 2006-2011