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El ex preso cubano Alejandro González Raga ha dicho: “El régimen cubano no merece ni una lágrima más, ni una víctima más”.

Cháchara sentimental e inoportuna.

Los Castro merecen todas las huelgas de hambre, todos los muertos, todas las lágrimas. Y, claro está, merecen todas las balas y todos los explosivos en cuanto hagan, y ojalá sea pronto, acto de presencia.

Todo lo merecen y se lo han ganado y es el precio que han de pagar los cubanos por la libertad.


Pablo Milanés, un esbirro de toda la vida que toca la guitarra, ahora va de crítico de la dictadura. Qué miserable oportunista. Sí, hay manchitas en el gran sol de los Castro, pero la democracia es una farsa, dice el farsante. Siente el olor del incendio y aprovecha su condición de privilegiado servil e hímnico (ha compuestos muchos himnos castristas) para distanciarse un poquito, sólo lo suficiente.
No, no, toda no, sólo la puntita, por favor.
En Cuba patean a la madre de Zapata y le gritan “negra de mierda”.
Mientras tanto, Milanés, que es negro, en España, con permiso de salida y entrada de los que patean, termina de zamparse tranquilamente la butifarra y hace el numerito para la prensa democrática.

Ah, pero esa Cuba donde matan de hambre, donde fusilan donde humillan y envilecen donde patean a las mujeres de los presos es la que Milanés ha ayudado a construir.
Medio siglo, Milanés. Medio siglo.

¿Abandona la rata el barco?
No. Es tan cobarde y está tan gorda que ni siquiera puede saltar por la borda.

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© Juan Abreu, 2006-2010