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La novela es una huida. Dijo el periodista Kapuscinski. Muy bonito. También fue chivato de los servicios de inteligencia de la Polonia comunista. Dice Artur Domoslawski, su biógrafo, que Kapuscinski “colaboró con el espionaje polaco mientras fue corresponsal en América Latina y Africa”. Pero añade que lo justo es “contextualizar”.
Oh, contextualizar. Me encanta contextualizar.
Imaginemos que Kapuscinski, en vez de “creyente en el socialismo” era “creyente en el nazismo”. Y sirvió de informante para la Alemania nazi. ¿Se hablaría de pecado? Hummmm. Más bien creo que se le consideraría un maldito nazi.
No hay nada que contextualizar.
Ahora sabemos cómo obtenía los permisos para viajar. Informaba.
Aquí tiene el informe mi comandante. No olvide que ya voy necesitando su permiso para el próximo viaje.
Eso no mitiga la importancia de su obra.
Pero.
¿Sobre qué informaba? ¿Sobre quienes?
Qué fácil es contextualizar a costa de anónimas víctimas.


















