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Concluyo la lectura. Desde la perspectiva de un preso cubano el libro de Carlin es una especie de broma. Una comedia.
Esto: “El momento decisivo se produjo cuando tres jueces visitaron la cárcel a finales de 1971. En presencia de Badenhorst (coronel y jefe de la prisión donde se hallaba Mandela) se entrevistaron con Mandela, que no se contuvo y denunció el duro trato que les propinaba el coronel. Habló de la pobre dieta y los duros trabajos, pero se detuvo, sobre todo, en el incidente de los guardias borrachos que habían desnudado y golpeado a los presos. Badenhorst le hizo un gesto con el dedo y dijo: Ten cuidado, Mandela. Si hablas de esas cosas que no has visto, te vas a meter en un lío, ¿me entiendes? Mandela aprovecho el error de Bandenhorst. Se volvió, triunfante, a los jueces, como si volviera a ejercer de abogado en un tribunal, y les dijo: Caballeros, ya ven ustedes el tipo de hombre que tenemos como comandante. Si es capaz de amenazarme aquí, en su presencia, pueden imaginarse lo que hace cuando no están. Un juez se volvió hacia los otros dos y dijo: El preso tiene mucha razón.”
Al llegar aquí no puedo contenerme más y suelto unas risas. Oh, ¿así que había justicia independiente en Sudáfrica? Y lo que viene a continuación ya es para esmorecerse: “Después de la visita de los jueces, la situación de la cárcel mejoró y, al cabo de tres meses, llegó la noticia de que iban a trasladar a Badenhort”.
En este punto mis carcajadas llegan a la mismísima Sudáfrica.
¿Jueces a los que quejarse?
Y más adelante: “Mandela invitó a cenar a su nueva casa a gente tan variada como Barnard, Sexwale y su abogado, George Bizos. Antes de que llegaran los invitados, Swart y Mandela discutían aspectos de etiqueta como cuál era el vino apropiado. En cuanto a las verduras, algunas procedían del propio jardín de Mandela, que incluía una piscina y una vista de las grandiosas montañas escarpadas que rodeaban los fértiles valles y viñedos de El Cabo. Y el paraíso no hubiera sido completo para Mandela sin un gimnasio, dotado de bicicleta estática y pesas.”
Esto, mientras cumplía su condena.
El gobierno racista trataba de llegar a un acuerdo con el preso y ordenó que se le dieran algunas comodidades.
Qué afortunado Mandela: su enemigo era el régimen del apartheid.
La luz de Mandela, dice Carlin para describir el encanto y la fuerza moral de su personaje.
Por tener esa luz le hubieran dado en Cuba cuatro balazos en la cabeza a Mandela.


















