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Se acaba Factual. Factual era Arcadi Espada. La renuncia de Espada pone fin al proyecto. Lo que queda son estertores. Qué hermoso era Factual, que cosa deliciosa de ver y de tocar.
La estupidez le ha propinado un golpe mortal. Ya fue un milagro que llegara a ver la luz.
Factual era como un unicornio o un hipogrifo. Un tipo de criatura imposible en nuestros días. Y nosotros, ciegos, ingenuos, empalmados (porque a una criatura así uno lo que quiere es meterla en la cama) convencidos de que sí. De que podía ser.
¡En nuestros días!
Fue un placer y un honor trabajar con Cristina Fallarás, con Jordi Pérez. No sólo buenos periodistas, gente libre. Y de eso va quedando cada vez menos. Hay una costra que lo cubre todo, le dije a Arcadi hace poco. Sí, esa costra, contestó con cara de asco.
Esa costra.
Catolicona, hipócrita, bobalicona, mierdera. Costra que alimenta un periodismo grave, espeso, noño, que se hace mirando por encima del hombro la jeta del amo, el cura o el ideólogo.
Factual fue una luz en la borrega oscuridad. Ya se apagó. Entristece pero uno se dice que es como tiene que ser. La estupidez siempre triunfa al final. Lo sabemos. Pero a pesar de esta convicción, en el momento en que se impone sentimos el mismo viejo y conocido estupor.
Es que estamos vivos, dice Espada. Tiene razón.
Nunca he sido más libre escribiendo para un periódico.
Ha sido un honor. Breve, sí, pero no por eso menos ennoblecedor.
Cómo nos divertimos.


















