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Martes, 3 de septiembre de 2019

Eros y política (Noelia Vera)

La señora Noelia Vera tiene pelazo y cara desorganizada de mujer despelotada. Tres hurras para Vera. Lo digo por experiencia esas mujeres de rasgos finos, cincelados por unos genes exquisitos no suelen ser gran cosa en la cama. Se tumban y en la boca pónmela. Creen que se lo merecen todo, pobrecillas, ¡y a veces es verdad! Sin embargo, mujeres como la señora Vera de rasgos básicamente mal montados en la justa medida, mujeres suspendidas al borde del abismo de lo antiestético pero sin caer jamás son una promesa de lujuria y de una especie de elixir lenguaraz que sale directamente de la carne y sus jugos sin pasar antes por el cerebro. ¡Y los ojazos laberinto de la señora Vera! Hay que darse por muy afortunado si una mujer nos permite revolcarnos con ella en ese territorio fundacional, en unos ojazos así quiero decir.

A mí de la señora Vera lo dicho, y el dedo alzado. Cómo alza el dedo la señora Vera al discursear como sólo se lo he visto alzar yo a grandes dominatrices. Por otro lado la nariz algo desbocada y bulbosa de la señora Vera es de esas narices que promete una ordinariez sexualmente exquisita. El sexo no es decente es lo contrario y lo superior a lo decente. Y como si fuera poco el labio inferior de la señora Vera, cuando entreabre la boca ese labio emite dulces barbaridades ya lubricadas. Yo las disfruto arrobado al margen de lo que diga la señora Vera que generalmente son tonterías.

La señora Vera trae a la política española el dedo dominatriz la ordinariez exquisita el labio bárbaro y una cabellera que promete a los interesados (yo el primero) la grata aventura de tener que organizar un safari si queremos llegara a la fuente de las maravillas de la señora Vera.

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