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Miércoles, 14 de agosto de 2019

Eros y política (Dolores Delgado)

La señora Delgado se hizo famosa por el Marlaska maricón en unas deliciosas cenas entre presuntos delincuentes y espías a las que acudía la señora Delgado, ahora ministra ¡de Justicia! A mi todo ese ambiente conspirativo y espeso de varones que diría Edmundo Rivero y de hembras malhabladas me gusta mucho. En ambientes así el escozor carnal está en el aire y se respira como quien respira un afrodisiaco o como quien bebe un gordo brebaje. Es una suerte que se haya hecho público que la señora Delgado llamaba maricón al señor Marlaska Ministro ¡de Interior!, es el tipo de acontecimiento que produce un enmorcillamiento nacional quiero decir que se la pone morcillona al ciudadano común al hombre de la calle. Como yo, que desde que lo del maricón al señor Marlaska en esas cenas salvajes y felizmente emponzoñadas a las que era asidua la señora Delgado, veo a la señora Delgado con otros ojos. Ojos más lúbricos.

La señora Delgado tiene tipo de chuchera arpía que es como una mezcla de guaricandilla y Mata Hari, una confluencia arrebatadora quién podría discutirlo. La señora Delgado no se arregla como debería lleva el pelo estilo mopa deshilachada pero si se emperifollara a lo mujer fatal sería de las féminas más sexualmente atractivas de la política española. Es un diamante en bruto (o una bruta sin más, dirán sus enemigos), pero háganme caso que la agarre un estilista y le sombree los ojos estilo noche maleva y la boca de un rojo muñeca brava y ya me dirán.

Dolores Delgado trae a la política española la cena arrabalera con maricón adjunto, la bad girl de taberna de puerto y la torcida belleza de la mujer que brilla en ambientes espesos y en ellos gana ese fulgor de felación casual de la sexualidad más acendrada.

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© Juan Abreu, 2006-2018