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Domingo, 11 de agosto de 2019

Eros y política (José Luis Ábalos)

No pensaba escribir del señor Ábalos por su aura porcina. No es exclusiva del señor Ábalos este tipo de aura, la tiene el señor Tardá y el señor Rufián y otros nacionalistas catalanes, por ejemplo, pero el aura porcina catalana desemboca siempre en la ridiculez, tiene un fondo mamarracho. El aura porcina del señor Ábalos es muy diferente, es nauseabunda. Y antierótica en consecuencia, es la clase de aura que aporta una porción de hiel a cualquier goce. Ese tipo de aura despierta en mi humilde persona, no lo que despierta el aura catalana que es un gran deseo de burla y chanza, sino ganas de darle al señor Ábalos una patada en el culo. Simbólicamente hablando, naturalmente. Lo del aura del señor Ábalos es incluso peor, más repugnante que el aura de los nacionalistas vascos que es un aura que produce un inmenso miedo a que te explote la cabeza o el coche, pero no repugnancia. Como si lo del aura fuera poco, el señor Ábalos tiene belfos (o esa impresión da) algo definitivamente antisexual. Por eso no iba a escribir del señor Ábalos. Y además porque imagino que follar con el señor Ábalos debe ser como revolcarse con mil ranas podridas y no le deseo eso ni a mis peores enemigos (es un decir).

José Luis Ábalos trae a la política española el comisario político seboso de la corte del zar rojo de Montefiore y un aura porcina de tal pureza socialista que merece la atención del más brillante historiador español del momento, estoy pensando como es natural en nuestra Elvira Roca Barea.

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