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Martes, 30 de julio de 2019

Eros y política (María Chivite)

La señora María Chivite me gusta porque parece (misteriosos son los caminos del Señor) una de esas guaricandillas pelocorto cubanas que siempre han provocado en mí una gran curiosidad erótica. La guaricandilla pelocorto cubana representa en mi universo erótico un tipo de vulgaridad regia y bretera (la vulgaridad cubana siempre es bretera, pero en la guaricandilla pelicorto es además regia, una mezcla única). Es un tipo de mujer delgada de andares cuchilleros y de tetas, pero sin excesos, un tipo de mujer hembra en el buen sentido en el sentido sano, y a veces también en el insano. Mírenme salivar mientras escribo.

Cuando veo a la Chivite en los periódicos o las televisiones mi primer cerebro hace tolón tolón como aquella vaca lechera en la isla pavorosa y se alboroza mi primer cerebro (todo el que me lee sabe que tengo un primer cerebro en el pito) y hace todo lo que hace en estos casos (incluida la babilla) para llamar la atención. Ahora bien. Todo ha de decirse. En mi gusto por la señora Chivete, influye ¡y en no escasa medida! que se parece mucho a la mujer de un querido amigo. Yo soy un hombre libre que odia la hipocresía y el engaño y le he comentado esto a mi amigo y a su mujer, naturalmente, pero nada cuaja porque son cubanos y los cubanos tienen fama de liberales y calentorros pero son lo más puritano y pitecántropos no-erectus del mundo. No crean nada sobre lo sexualmente civilizados y liberados sexualmente que son los cubanos. Todo es puro cuento.

La señora Chivite trae a la política española la guaricandilla pelicorta en versión española y trae sobre todo la capacidad de mirar la sangre derramada por los patriotas vascos y no ver sangre sino sirope de frambuesa, capacidad que probablemente conduzca a la señora Chivite hasta la mismísima cumbre del socialismo español.

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© Juan Abreu, 2006-2018