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Sábado, 27 de julio de 2019

Eros y política (Santiago Abascal)

El señor Abascal va de macho alfa a caballo cota de malla y adarga al brazo dicen que por patriotismo, pero yo creo que tal vez sufra de priapismo político. También podría ser que su caso sea simplemente uno de barbas. Nadie me hace caso, ya lo sé, pero estoy convencido de que la barba al contrario de lo que se supone es poco masculina, suele ocultar una mandíbula irresoluta y evidenciar un carácter monocelular. Para no hablar de que es el disfraz preferido de la loca tapada. Mientras más barba y más bigote más loca tapada. No crean por esto que no valoro a las locas, la mayoría de mis grandes amigos han sido locas de atar al tiempo que hombres formidables, y muy valientes, más valientes que los supuestos machos. Una cosa nada tiene que ver con la otra. El honor la decencia y la valentía no son heterosexuales homosexuales o femeninos, son humanos. Me interesa lo de la barba y es verdad que a menudo la desenmascaro, pero el asunto es más complejo, lo reconozco, es también un problema metafísico. ¡Y hasta poético! La barba es a la loca tapada lo que el cuerno al narval, feminidad erecta y calcárea. La barba lo ablanda y lo amaricona todo esa es mi teoría, miren la escritura del periodista Jabois y ya me dirán si tengo razón.

Hay muchas mujeres a las que gusta este tipo de hombre macho y de corte belicoso y espalda ancha y pétrea y a mí me parece excelente porque en el sexo hay un inescapable sustrato violento. Cuando se la metes a una mujer y te dice al oído con voz desgajada destrózame, párteme en dos papi, por ejemplo, estamos hablando de algo muy serio y muy sano. Tengo una amiga ahora lo recuerdo que es delicada y brillante y esbelta, y le gustan los hombres grandes, musculosos, tipo levantador de piedras vasco como Abascal, quiero que me aplaste, me dice, sentir que estoy sometida e indefensa bajo su peso, qué rico, me corro enseguida. Qué mujer. Pero lo que quería decir es que Abascal tiene mucho a su favor eróticamente hablando es lo contrario del fofo Rivera por poner un ejemplo, o del pladúrico Sánchez.

Santiago Abascal trae a la política española el eslabón perdido español, el primer caso (tal vez) de priapismo político, el retorno del macho ibérico que tanta falta hacía a la política española llena de alfeñiques flácidos y petimetres cola de caballo y, si me hiciera caso y se afeitara la barba, la esperanza blanca que anhela España aunque hipócritamente lo niegue.

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