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Lunes, 22 de julio de 2019

Eros y política (Andrea Fernández)

Antes me gustaba el porno, era el porno de los ochenta un porno encantador con mujeres reales tetas naturales y chochos peludos y una candidez y una lujuria alegres y auténticas. Había mujeres maravillosas en ese porno y no sólo follando tengo un libro formidable dedicado a Vanessa del Río uno de mis ídolos de la época y hay en el libro varias entrevistas y ya quisieran nuestros diputados y ministros hablar con la propiedad y la sensatez y el sentido común ¡y la alegría de vivir! de la gran Vanessa. Sin embargo, con los años el porno se ha hecho muy plástico y aburrido, es decir lo contrario de lo que debería ser. Han convertido una actividad gozosa como follar en algo aburrido. No hay nada que los seres humanos no podamos echar a perder.

Todavía veo porno de cuando en cuando para pajillas rápidas y casuales. Pero. Ya no es como antes. El porno también se ha envilecido, aunque no tanto como la política eso es cierto.

Les hablo del porno porque la señora diputada Fernández ha dicho que hay que prohibirlo, o regularlo. Como no sabía quién era la diputada Fernández, fui a mirarla. Y. Muy curioso. Tiene la señora Fernández un tipo de belleza que suele encontrarse en las estrellas porno. Una belleza muy particular, muy suya, muy característica de esas estrellas. Yo veo ese tipo de belleza especial en la señora Fernández, aunque puede que sean cosas mías. Al leer los argumentos de la señora Fernandez contra el porno pensé enseguida esa mujer necesita leer a Camille Paglia, pero después me dije no seas malo si lee a Paglia posiblemente le estalle el cerebro.

La señora Fernández trae a la política española la mirada alguacil, el rictus eclesiástico, el melindre santurrón, la posibilidad de que los españoles tengan otro Errejón, pero con tetas, y la certeza de que hoy cualquier señal de inteligencia en la política española ha de buscarse a la derecha.

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© Juan Abreu, 2006-2018