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Viernes, 12 de julio de 2019

Eros y política (Fernando Grande-Marlaska)

No entiendo las críticas al señor Marlaska. Hay que tener cierta grandeza y sentido histórico a la hora de enfrentar algunos fenómenos. Reconocer lo trascendente en el adorable sopor de la vida cotidiana. Y lo trascendente, lo crucial en lo que atañe al caso Marlaska y el desfile de Orgullo Gay es. A saber. Que el señor Marlaska es el primer Ministro del Interior ¡Ministro del Interior! que en todo el accidentado devenir de la especie, desde sus mismísimos albores, antepone su pensamiento anal y su mirada anal de la sociedad a cualquier consideración intelectual o profesional. Hasta ahora otros hombres en el poder se habían dejado influir por sus preferencias sexuales no digo que no, pero, hasta donde he podido investigar, nunca se había dado un caso de total intercambio anal-cerebral en todo un señor Ministro del Interior (¡nada menos!) a la hora de evaluar a la sociedad y a los ciudadanos que están bajo su amparo y protección. ¡Pienso con el culo! Ha proclamado Marlaska desde su poderoso púlpito y, no seamos mezquinos, ha dado así inicio a una nueva época. Una época en la que ya no se podrá distinguir entre lo intelectual y lo rectal.

Por tanto, me parece justo dejar a un lado las críticas y concentrarnos en el gran logro (logro antropológico a fin de cuentas) del señor Ministro. Yo lo comparo con la llegada del primer hombre a la Luna. El primer hombre y magistrado y ministro que ha conseguido mutar de tal manera que su culo se ha instalado en su cerebro y su cerebro (¿dónde habría de ir si no) en su culo.

Grande-Marlaska trae a la política española el culo militante, el pliegue abanderado, el culo como nueva potencia política e intelectual, el intercambio interno de órganos sin repercusiones fisiológicas adversas y la argumentación rectal.

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