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Miércoles, 12 de junio de 2019

Eros y política ( Isabel Díaz Ayuso)

No esperen de mi ni una palabra ecuánime cuando hable de la señora Ayuso. Quedan advertidos. Porque Ayuso tiene en la boca eso que llamo hembracidad, lo tiene en todo el cuerpo pero, digamos, concentrado en la boca. Es algo que hace que los hombres al ver esa boca sólo pensemos en lo que piensan todos los hombres que se respeten ante una boca de ese tipo. El hombre que diga que piensa en otra cosa ante una boca así es un mentiroso y un farsante y no merece respeto. Y cómo se desplaza Ayuso, como por un campo de tetas severas. Tetas autoritarias. Casi llega a Cayetana con eso lo digo todo. No tiene el cuello florentino de Cayetana es verdad ni su cerebro, ni esa distinción de Cayetana que parece que siempre ¡y con razón! nos perdona la vida. Nadie puede en cuanto a eros y política estar al nivel de Cayetana. Cayetana es un mundo aparte. Pero. Un segundo o tercer lugar no es poca cosa. Y el pelo de la señora Ayuso. No sé si serán cosas mías porque cuando admiro a una mujer soy muy creativo, pero el pelo de Ayuso lo miro y es como si viera madera líquida. Qué lubricante frondosidad. Y los ojos. Y el arco de las cejas. Y los pómulos enormemente despectivos, casi vampíricos de Ayuso. No hay pómulos así en la política española.

Pero lo más erótico de Ayuso son sus expresiones. Tiene un repertorio que arrojaría a la lujuria más extrema y al más depravado desenfreno a un monje virgen y célibe (alguno habrá). Qué fulgor húmedo y taimado como de ofidio destinado a sacarte hasta la última gota de jugo.

Ayuso trae a la política española la boca pérfido-lactante el desplazamiento teta severa y unos pómulos navajeros que si los usa como es debido es decir sin piedad la elevarán a lo más alto de la política española.

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© Juan Abreu, 2006-2018