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Miércoles, 5 de junio de 2019

Eros y política (Marian Beitialarrangoitia)

En el campo minado de la fealdad femenina abertzale y de la fealdad abertzale en general, destaca Marian Beitialarrangoitia. Yo lo que veo cuando miro a la señora Beitialarrangoitia es a uno de esos troncos que cortan los vascos a hachazos y luego se los echan al lomo en no sé qué tipo de ritual folclórico (tampoco voy a perder mi tiempo en averiguar esas sandeces).

Ya, se dirán ustedes ¿qué puede haber de erótico en un trozo de tronco cortado a hachazos. Pero. A ver si nos superamos un poco. Parecer un pedazo de tronco o un saco de patatas no limita en lo absoluto las posibilidades de retozo carnal. Los hombres son capaces de cualquier cosa con tal de meter el pito. Siempre le digo a mis amigas “las mujeres no saben que los hombres son capaces de metérsela a una pared, es lo único que les importa: meterla”. Pero se echan a reír y no me hacen caso. Las mujeres son maravillosas, pero un poco ingenuas.

La señora Beitialarrangoitia en un contexto minimalista blanco, despojado, ralo y famélico, alcanzaría un raro esplendor por contraste tipo oso hormiguero en una nave espacial o gorila en un quirófano. Y esos contrastes pueden ser muy eróticos para que lo sepan. En un bosque o entorno natural vasco de piedras y matojos Beitialarrangoitia sería un pedazo de tronco más, desprovisto de interés. Pero. En el contexto idóneo podría resultar un poderoso reclamo sexual. Aunque tal vez lo que pase es que yo adoro los comics y a Beitialarrangoitia la veo un poco como una versión femínea de Pedro Picapiedra.

La alcaldesa Beitialarrangoitia trae a la política española el antropomorfismo al revés, la sexualidad de los objetos inanimados, la morfología cuadrada y un cierto bestialismo vegetal que en el contexto adecuado sería interesante como experiencia erótica curiosa, o incluso depravada.


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