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Lunes, 13 de mayo de 2019

Eros y política (Pedro Sánchez)

El señor Sánchez es el guapo de la escuela que a las muchachas de la escuela les fascina y que a los hombres de la escuela les divierte porque saben que generalmente estos guapos son todo escaparate y poca sustancia varonil y basta un pescozón para que reculen y suelen ser además con harta frecuencia pichas cortas. Yo mismo, un hombre poco agraciado, le he birlado la novias a alguno de estos guapos. En San Alejandro, recuerdo, donde estudié arte unos años, un guapo de la nueva clase venía a recoger a una bella (muy bella) a la escuela en uno de esos coches que allá sólo tenían y tienen los altos cargos. Pero. Puse mis ojitos verdes en la bella y poco después dejó al guapo la bella y se puso a la sombra de mis ojitos verdes, y después ya en confianza pude comprobar que mis teorías acerca de la picha corta de los guapos al menos en aquel caso era acertada. En verdad lo supe la primera noche que nos acostamos la bella y yo en una de aquellas posadas sucias y sin agua corriente de La Habana fidelista porque al desnudarnos se me quedó mirando el pito y preguntó risueña… ¿tengo que meterme todo eso? Era una pregunta retórica. Pero. La bella, risueña, comparaba ay comparaba.

Aparte de guapo, Sánchez tiene el carisma y la expresividad de un envase de leche desnatada y es algo desculado lo que en un hombre es muy desagradable. Pero al margen de esto, hay que aceptarlo, Sánchez es el político perfecto ya que es capaz de decir una cosa y la contraria en la misma frase y decirlo con tal rotundidad que convence a millones de españoles que le votan. Lo otro sería pensar que millones de españoles son idiotas pero sería injusto, sería regatearle méritos a Sánchez. A Sánchez puede considerársele el ideal político y el político ideal del futuro y le auguro el mayor éxito por sus aires robóticos su incultura y por ser, cosa evidente, más un maniquí que un ser humano.

Pedro Sanchéz trae a la política española el mentón bobalicón pero fotogénico, el morrito cuché, una corte de ministras embelesadas la premonición de un polvo desastroso pero cinegético y el pichacortismo triunfal.

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