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Miércoles, 24 de abril de 2019

Eros y política (Meritxell Batet)

Ay, si no tuviera ese pelo fosilizado, me digo a veces, mirándola. Estás desesperado, tercia enseguida uno de mis yoes. Tal vez, sí, por qué no, trato de convencerle. No soy nada remilgado. Pero. Ojo al pelo, podrías agarrar una infección mortal piensa que es pelo fósil, el tétano tal vez, interviene entonces otro de mis yoes, el más hipocondriaco. Bueno, pero miren la boca, muy prometedora, vuelvo a intentarlo. ¡Pero qué boca ni qué boca si tiene boca de lagartija! Exclama en este punto mi yo hiperbólico, muy activo siempre. Pobre mujer, tener me lidiar con eso que tiene en la cabeza cada mañana, añade entonces mi yo más piadoso.

Cada vez que veo a la señora Batet mi cerebro se enfrasca en estos absurdos diálogos. El pelo es muy importante. Lo reconozco. Aunque (paradoja) una mujer rapada o con un corte de pelo militar me parece un reclamo sexual de primera categoría, no sé si será por estética o por el sumiso que todos llevamos dentro. Oh Maritxell. Ya sé que tienes la pechuga plana y`la barriguita flácida y un catálogo siempre a mano de sandeces catalanistas y separatistas. Pero, a pesar de estos inconvenientes, sin duda considerables. Si no fuera por el pelo…

Maritxell Batet trae a la política española un muy tenue aroma sensual una boca que promete el mohín antiespañol pero progre y rojo y el horror capilar y la cabellera silla eléctrica.

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© Juan Abreu, 2006-2018