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Domingo, 21 de abril de 2019

Eros y política (Cayetana Álvarez de Toledo)

Con ese cuello florentino que tiene la señora Álvarez de Toledo en lo que a mí respecta puede aspirar a lo que quiera. Las veces que he visitado Florencia esos cuellos de las florentinas, no crean que sólo los he visto en pinturas, me fascinaron de tal manera que iba tropezando por las calles. Y ya saliendo del cuello (es un decir, si tienes la fortuna de acceder a ese cuello, ¿quién sale?) Cayetana tiene el rostro más sensual de la política española. Su caída de ojos y ese color arroyo de escapada juvenil de sus ojos. De escapada juvenil para ocultarse entre el hierbazal de la orillas a explorarse y restregarse. Un poco demasiado huesito, es verdad. Pero nada es perfecto y lo de los huesitos depende mucho de a quién pertenezcan, se chupan y son muy gustosos y tienden a sumirnos en un éxtasis de succión y de búsqueda varonil de la gelatina ansiosa y del tuétano. Y luego está la voz. Esa voz como pasada por miel macerada con jengibre y turrones y azucenas. Yo con que Cayetana me hablara al oído un ratico en alguna penumbra me conformaría. Y para que un hombre de acción como yo diga eso. Pero, sin embargo, lo más erótico de Cayetana es su cerebro.

Cayetana Álvarez de Toledo trae a la política española un poder de alfabetización democrática nunca visto en la política española, y la estética en acción y un erotismo puro que le supura a gotas prístinas de la inteligencia.

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© Juan Abreu, 2006-2018