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Martes, 16 de abril de 2019

Eros y política (Inés Arrimadas).

La señora Arrimadas es guapa según los cánones aceptados y así va por el mundo. Ser guapa facilita mucho las cosas. Es como en el caso de los hombres, tener la polla grande. Cuando uno tiene la polla grande va por el mundo de otra manera, con aplomo, y proyecta seguridad y confianza en sí mismo. A mi ese tema me interesa mucho, tanto, que una vez escribí todo un artículo sobre el asunto para un blog que tenía en JotDown, pero me lo censuraron. Yo veo a la señora Arrimadas por televisión y quedo embelesado como suelo quedar ante la belleza sobre todo si respira, que es la forma superior de la belleza. Pero. ¿Sexual, Arrimadas? Bueno. Hay belleza y hay belleza sexual. La belleza para que sea además sexual ha de tener un añadido intangible, segregante. Lo de la carne que llama. Yo no lo veo en Arrimadas. Uno quiere poner a la señora Arrimadas en un altar o algo por el estilo y mirarla, desnuda a ser posible, mirarla y admirar su belleza pero como quien mira un paisaje, y si se produjera encandilamiento sería del tipo seco, estético, sin babas. No sé si me explico.

Arrimadas trae a la política española una belleza hierática, endulzada con leche condensada y hasta con nata, pero sin sudor y sin arrebato carnal.

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