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Martes, 19 de marzo de 2019

Bebo el té mientras veo a Cayetana Álvarez de Toledo en la televisión y después de limpiarme las babas subo y me pongo a escribir esto. Por fin. Lo primero es el lenguaje. Su riqueza estructurada. Su pausada pero cortante claridad que se instala en las antípodas del discurso dominante en la política española: precocinado, cobarde, adocenado. Ni una frase hecha ni una expresión vacía ni un efectismo sobado. Necesitábamos desesperadamente alguien que higienizara el lenguaje de la política y lo dejara en el hueso constitucional, en la ciudadana fibra anti tribal. Y luego, la belleza alimenticia de una inteligencia. De pronto alguien que fulmina con su sola presencia la fealdad y la pobreza del emponzoñado politiquerismo español.

Albricias.

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© Juan Abreu, 2006-2018