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Llega el fin de Encuentro. ¿Del proyecto? ¿De la revista? ¿De la dictadura de Annabelle Rodríguez? ¿Cómo? Envuelto en nuestra natural desvergüenza. Un discreto chapoteo. Un ploff. Una nueva etapa. Murmullos aquí y allá. Palabras altisonantes. Ruido de cencerros. Redoblar de egos.
Se va a la mierda la mayor empresa cultural fundada en el exilio cubano, la mejor financiada, y ¿qué dicen los intelectuales cubanos que formaron parte de una forma u otra?
Poco, nada.
Disimulan, asienten, tragan, adoptan poses heroicas.
Allá van millones de euros y dólares en contribuciones de las que jamás se rindieron cuentas. Allá van millones sobre los que la señora Annabelle Rodríguez, sin abandonar un momento sus aires de gran dama roja, se negó a informar con la debida transparencia, y aquí no ha pasado nada.
Pero. ¿No ha pasado nada?
Los intelectuales cubanos son expertos en cubrirse el culo como sabemos expertos en hablar durante horas con representantes de la dictadura sin mencionar la palabra dictadura expertos en el recholateo interesado expertos en esto no lo digo para que me dejen volver expertos en emputecer la verdad según les convenga expertos en cerrar la boca porque sabe dios que puertas se me cerrarán si hablo, sabe dios a qué conferencia, simposio u otra monserga pagada no me invitarán, sabe dios a que editor o agente poderoso le podría molestar mi “anticastrismo”. Ya lo sé. Pero a pesar de todas estas reconocidas y más que demostradas virtudes que engalanan a la cubana intelectualidad creo que debían decir algo.
Vamos, hablen.
Ahora que se hunde y la presidenta ¡viaja a La Habana!, Rafael Rojas debía decir por fin por qué se fue de Encuentro. Para la Historia. Supongo que para mi estimado Rojas la Historia será, a fin de cuentas, importante.
Por cierto, el viaje de la directora a Cuba ahora es inaceptable. ¿Y los que hizo antes?
Algo ha pasado. Han destruído un valioso proyecto. ¿Quién lo ha destruído? ¿La señora directora? ¿Sus críticos? ¿Dónde fue a parar el dinero? ¿Qué pasó? ¿Cómo se gastó? ¿Quién cobró y cuánto? ¿Tenía las manos metidas en algun sitio central o periférico la policía cubana?
Esas siguen siendo preguntas pertinentes.
Los que trabajaban allí debían decir algo, los que usaban el lugar como base de operaciones, los que cobraban, los que colaboraban de gratis, los que se esforzaron honestamente y se sienten traicionados, los que se tragaban impávidos los autoritarismos de la directora y ahora los consideran intolerables, debían decir algo. Los que se han separado tímidamente, debían decir algo.
Por supuesto, los que crean que la directora es una víctima impoluta, también debían decir algo.
Digan algo.
La verdad, para variar.

















