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Miércoles, 13 de marzo de 2019

No sé si a ustedes les pasa pero yo la gente una a una me parece bien, a algunas incluso las encuentro interesantes pero a la gente así dicho como conglomerado ya no. Y la cosa va en aumento. Ya no voy casi a la ciudad si puedo evitarlo qué horror la gente voy pensando los que pasan los que se reúnen aquí o allá por esto o por lo otro y mientras constituyen un grupo se mantiene mi sensación de incomodidad y de rechazo. El otro día paseando por el Paseo Marítimo confirmé esto que les digo ya al final me resultaba imposible aguantarlos. Sin embargo, si nos hubiéramos detenido a hablar por cualquier motivo con algún viandante, entonces así en solitario no me hubiera parecido tan horroroso como cuando lo percibía como parte de la manada. Yo creo que el problema es que en grupo siempre veo a la gente como manada y tengo la convicción de que uno se diluye en la manada. Existe la arraigada creencia de que la manada otorga una fuerza no sólo física sino moral a sus componentes pero es una creencia falsa y tramposa, el grupo la manada la multitud debilita al individuo y lo priva de lo único valioso que tiene a saber su condición de único de solo y de irrepetible.

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© Juan Abreu, 2006-2018