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Miércoles, 6 de marzo de 2019

No iba a escribir nada sobre la muerte del miserable Arzalluz un canalla de lo peor que ha dado España. Un racista y un mierda y un hombre asqueroso de ver y oír todo hay que decirlo. Pero. Escribo porque nadie ha mencionado, que yo sepa, que el triunfo de Arzalluz es innegable, sus queridos etarras los que se dedicaban al asesinato y los dedicados a la política gobiernan en la provincia vasca y hasta en España, si se presenta la ocasión y el cagaleras Rajoy los llama para que medien con los golpistas catalanes. Que es como llamar a Drácula para que convenza a un vampiro de que no beba sangre. Y escribo de ese canalla ahora muerto pero canalla sobre todo, porque de pronto me doy cuenta de que la mayor prueba del éxito de Arzalluz y su sangrienta comparsa es la novela Patria, es decir la sentimentalización del crimen vasco y el racismo vasco como destino vasco y como destino español. Todos los vascos (léase españoles) amorosos y haciéndose perdonar la vida por los asesinos de pistola y bomba y escaño y suplicando unos votos para aprobar presupuestos que viene a ser lo mismo que suplicar carticas a los asesinos de tu padre tu hijo o marido. Por favor, por favor, una cartica para que me acabe de matar el cáncer pero en Paz, ¡siendo Bueno! Y el abyecto humillante cobarde traidor y sucio e igualador Perdón como estandarte. E hijos todos de la Patria vasca.

Y los asesinos triunfales, y la mansedumbre y la humillación de las víctimas por decreto y por bandera. Y dígalo y hágalo en euskera, faltaría más.

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© Juan Abreu, 2006-2018