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Viernes, 18 de enero de 2019

Me cago en mi tierra digo todos las mañanas al despertar y es como quitarme un peso de encima. Y entonces ya puedo comenzar el día aligerado y más libre y más humano y civilizado. Nunca he entendido por qué hay que amar o sentirse parte de una tribu porque se haya nacido por azar, como nace todo el mundo, en un lugar u otro. Me cago en mi tierra y en eso de la Patria también naturalmente y en lo de lo nuestro y el nosotros tribal. Yo no soy ni seré nunca un nosotros salvo el nosotros humano y salvo el nosotros ciudadano libre e igual. Toda esa basura racista y enjuta de lo propio esa basura bobalicona y sensiblera y rural y a fin de cuentas reaccionaria es el germen del nacionalismo, ahora tan de moda. Uno de los mayores logros de la humanidad y de la civilización es haber arribado al ciudadano de hoy. Es decir al espécimen humano identificado primero y ante todo no con una tierra o tribu sino con un código de valores supranacionales un espécimen humano producto de la evolución cultural, contrapuesto a la manada, un ser humano libre e igual. Y. ¿Cómo se puede ser libre e igual si estás primero trabado e identificado con un paisaje que ya viene unido a un pensamiento sentimental y a una gorra ritual y a un traje típico y a una danza siempre grotesca y sangrienta en torno a la hoguera?

No puedes. Podrás soltar toda la cháchara intelectual y filosófica y toda la verborrea hipócrita que quieras pero no puedes.

No puedes. Sin cagarte en tu tierra no puedes.

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© Juan Abreu, 2006-2018