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Viernes, 11 de enero de 2019

Y esto, también de Bruckner, para que los europeos y cualquiera en conclusión en el mundo que aspire a defender la libertad sepa qué puede esperar de Europa.

“Se ha visto en Bosnia en 1995, en Kosovo en 1999, de manera caricaturesca en el verano de 2002, cuando Bruselas solicitó la mediación de Washington y de Colin Powell para resolver el microscópico contencioso hispano-marroquí de la isla Perejil frente a la costa de Tánger. Se puso de manifiesto con asombro durante el invierno de 2006, en el asunto de las caricaturas de Mahoma, cuando la Unión, abucheada por las masas en Damasco, Gaza, Yakarta, Teherán y Beirut, no se solidarizó con Dinamarca ni con Noruega, condenó los dibujos blasfemos y mandó a Javier Solana a Oriente Próximo como delegado volante de la expiación. Si el día de mañana Vladimir Putin pusiera su pesada pata sobre los países bálticos, invadiera Georgia o estableciese en Moldavia un régimen títere, Europa occidental al unísono exclamaría: ¡Sírvase! Finalmente, sólo reaccionaría Estados Unidos. Puede resultar deplorable, pero en cualquier parte del mundo en que un pueblo está sometido y gime encadenado, dondequiera que se soporta la pesada carga de una tiranía, se sigue volviendo la vista hacia Estados Unidos y no hacia Europa”.

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