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Nos dice el diáfano Wolfgang Sofsky. “Todo poder pretende ampliar su zona de dominio. Intenta adueñarse hasta del último nicho libre. Consigue solidez y fortaleza cuando seca las fuentes del sentimiento de oposición y los hombres se transforman en amables vecinos y súbditos dóciles”.
Esto, en Defensa de lo privado Un libro extraordinario que recomiendo. Repasé los párrafos de Sofsky después de leer acerca de la ley contra los blogueros que ha propuesto el Ministerio de Cultura de España. El proyecto de ley permitiría cerrar páginas en internet sin una orden judicial. Que la Ministra sea una pésima guionista ayuda en su empeño de comportarse como una excelente súbdita de los poderosos. Aquí actúa como una criada de la SGAE. Una organización que supuestamente defiende los derechos de autor al tiempo que compra palacios en Madrid.
Me divierte mucho la manera en que la prensa pronuncia “blogueros”. Destila asquito. Cómo no. El asquito es proporcional al grado en que la prensa española ha traicionado la libertad de prensa y se ha convertido en el instrumento de la casta que controla el Estado. Divierte el asquito porque bloguero en estos tiempos es sinónimo de la independencia que escasea en la prensa institucional (casi toda).
Bloguero es como si te dijeran libertario, libertino o maricón. O señor de uno de los pocos espacios de libertad que aún existen.
Ahí estamos.
Cómo jode.
Si esta ley diseñada para reducir nuestra libertad prospera, sólo puede ser definida como censura gubernamental. No olvidar que con esta propuesta la Comisión de Propiedad Intelectual se convertiría en una especie de pandilla de chivatos.
¡Viva Cuba! ¡Viva Fidel!


















