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Miércoles, 12 de diciembre de 2018

Abandonamos Colera (se pronuncia Culera y yo la he bautizado Culero) y vamos a Colliure. Por Machado y porque por allí pasaron Matisse y Derain y además para que lo vean las niñas. Y ese hombre enterrado al pie de unos cipreses y esos pintores fulgurantes y nuestro deseo de insuflar nuevas impresiones en sus cerebros en formación, hacen que este pueblo provinciano y algo rancio y fascista (no tiene librería sólo una papelería con algunos libros lo que según un Julio Llamazares lo convierte en un pueblo fascista) un lugar formidable y hasta tierno. Paseamos por allí, asombrados por el tamaño de las gaviotas (algunas parecen bisontes), y comemos frente al mar y no mal contra todas mis predicciones y un vinillo blanco local estupendo y el mar calmo y apenas gris. Y después nos vamos al cementerio y a la tumba y nos inclinamos. Inclinémonos.

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© Juan Abreu, 2006-2018