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Lunes 10 de diciembre de 2018

Días de asueto. La casa está frente al mar y es blanca. Debajo de la terraza en la copa de los pinos hay una puerta azul que lleva a esa extensión de piedrecillas infernales que aquí llaman playa. El mar anexo es también gris e inhóspito, aunque al amanecer y al atardecer experimenta literarias transformaciones. La gente piensa que el paisaje precede a la literatura pero eso fue verdad hasta cierta época y para hombres de otros tiempos, para nosotros la literatura precede al paisaje. Desde la terraza veo a una pareja de dementes que se mete en el agua helada. Ayer me levanté a orinar de madrugada y alcancé a ver el chorro de la ballena en una piscina lejana. No sé si eso me hizo feliz o desdichado o ambas cosas. A medida que envejezco aumenta a grandes pasos como se dice mi desafección por la Naturaleza. Una desafección no sólo mental también física quiero decir que abarca el resto del cuerpo no mental. Es una situación no sólo difícil también angustiosa porque ¿cómo puede uno ponerse a salvo de aquello que jamás desaparece?

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© Juan Abreu, 2006-2018