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Domingo, 2 de diciembre de 2018

Anoche ya acostado y en la oscuridad pero no en la oscuridad del alma que no existe sino en la de mi lámpara de noche pensaba en que la gran civilización y la gran cultura es la cultura norteamericana del Entretenimiento. Y Walt Disney su gran profeta. Seamos honestos, puestos a elegir y ateniéndonos a su obra y predicamentos y a sus legados entre Jesús o Mahoma y Disney, no cabe duda: Disney. Sin entretenimiento no hay vida porque sencillamente no hay quién la aguante. Yo mismo me pongo siempre muy romántico y sensiblero con lo de la vida aunque sin caer en los atardeceres los bosques de otoño ni las tardes a la orilla del mar, sólo me lo permito con mi famoso jardín y con los ojos de mi amada pero no es que ignore lo que son. Me engaño, como todo el mundo, pero sé. Es un poco como lo del libre albedrío, no existe, pero tenemos que hacer como que existe para poder vivir, de otra manera sería imposible. La vida es la soledad y hasta la oscuridad si así lo dispone el azar que lo dispone todo, y contra las segregaciones todas mortales de la vida sólo funciona el Entretenimiento. Nuestra única esperanza y la única manera de sobrevivir de escapar de no matarnos quiero decir es el Entretenimiento. Alabado sea. Claro que lo hay de diferentes calidades no es lo mismo un entretenido futbolero que un entretenido lector de Proust o Montaigne. Pero Entretenimiento.

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© Juan Abreu, 2006-2018