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Martes, 27 de noviembre de 2018

Bertolucci era un cineasta intelectualmente gordo, ampuloso y rimbombante como todo comunista (nunca quieren salvar a cada hombre siempre quieren salvar a la Humanidad). El producto típico de una juventud europea boba y culogorda, hay que ser bobo y culogordo para tomar a los más grandes asesinos de la Historia de la Humanidad (Lenin, Stalin, Mao) por adalides del Progreso y la Libertad. Novecento, por verle el pitico a De Niro (qué decepción), pero repugna todo aquello de los Obreros y el Pueblo y el Proletariado, pura Sacralización de la Turba Ideologizada. Siempre me aburrió Bertolucci, excepto en Soñadores y eso porque me paso la película esperando por las fabulosas tetas de Eva Green. Qué mujer. En cuanto al famoso Tango, qué puedo decir, un total desperdicio poner al gran Brando a soltar chorradas existencialistas mientras va de aquí para allá como un zombi. Y en lo referente a la escena de la mantequilla (mantequilla que jamás nadie que le guste follar por el culo ha usado, la saliva es el mejor lubricante como se sabe), tan hueca yo siempre he pensado que es así porque es la escena que mejor refleja la majadería intelectual y estética de Bertolucci.

Cierto que la belleza de María Schneider hace el bodrio hasta cierto punto soportable. Pero. Tampoco es para tanto.

Para saber lo postalita y lo poca cosa que era Bertolucci sólo hay que ver una película de Visconti. Visconti es el cine, Bertolucci la cháchara.

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© Juan Abreu, 2006-2018