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Sábado, 13 de octubre de 2018

En el barrio había un borracho, El Moro, un hombre muy apuesto y moro, no mulato ni negro ni jabao, moro. Pero no árabe, volví a ver gente como él muchos años más tarde, en la India. Algo raro en Cuba, un moro de estos, tipo indio. A mí me caía bien El Moro. Un día venía dando tumbos y se cruzó con Regla, una niña (tendría trece años) con unas tetas enormes a su temprana edad y El Moro le soltó un piropo beodo pero gentil en aquellos años no se decían apenas piropos groseros, y Regla le soltó algún insulto la niña tenía tremenda lengua. Y una señora que había presenciado la escena le espetó a El Moro desde un portal en la acera de enfrente: ¿Pero no ves que es una niña? Y El Moro que ya había comenzado a alejarse dando tumbos se volvió y le respondió con su típica voz de borracho: ¡Unaaa niiiñaaaa, una niiiiiña con esas teeeetas! Y esa se convirtió en una de las anécdotas clásicas que contábamos una y otra vez bajo la luz del poste de la esquina los muchachos del barrio y nos reíamos mucho.

Yo conocía a Regla y era una niña para algunas cosas y para otras no, como lo éramos todos en el barrio a esa edad, y aquellas tetas que tenía no eran nada infantiles esa es la verdad.

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© Juan Abreu, 2006-2018