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Martes, 2 de octubre de 2018

Las fuerzas fidelistas chavistas nacionalistas catalanas incordiaron anoche y hasta asaltaron el Parlamento de Cataluña y se pelearon con la policía autonómica (mossos), que hizo el ridículo. Porque ridículo es que ahora apaleen a sus cómplices golpistas, los mismos golpistas con los que colaboraron hace un año y aún colaboran. Yo de vez en cuando me asomaba al barullo fidelista chavista nacionalista catalán y pensaba esto debería asustarme, pero no me asustaba. No me asustaba. Entonces medité sobre el asunto y me tomó menos de un minuto comprender por qué no me asustaban. Tienen, es verdad, una brigada de respuesta rápida, como en Cuba, matones entrenados para sofocar cualquier libertad, y tienen unos CDR, como en Cuba. Pero. Para tomar el poder mediante un golpe de estado o mediante una Revolución cubana hay que matar y morir y hace falta, sobre todo, que los cabecillas del golpe renuncien a sus vidas de ricachones y arriesguen vida y hacienda. No lo harán. Les pesa demasiado el culo. Cuando se necesita la arremetida final, en lo que están pensando es en subirse el sueldo. Ni siquiera con un PSOE en el gobierno de España dispuesto a entregar todo y a vender España y dispuesto a traicionar a los ciudadanos españoles con tal de que Pedro Sánchez siga en el poder, se atreven los culogordos líderes golpistas catalanes a consumar el golpe. Y. Les pesa tanto el culo y tanto se les ha desplazado el cerebro al culo que no se dan cuenta de que cuando gritan ¡Independencia! ¡República! lo que están gritando verdaderamente es ¡Mariscada gratis! ¡Paella gratis! Son unos payasos.

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© Juan Abreu, 2006-2018