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Termino el libro de Juanita Castro. Trata de sus hermanos, y Cuba. Cuánta moralina. La redacción es pedestre. La prosa, de álbum de postalitas. Las “memorias” de la señora más que memorias son una novela de Corín Tellado.
La versión que Juanita Castro ofrece de su familia no merece comentario. Ninguna familia es así. Más que una familia es un pastel de La Rosa Bakery pasado de merengue. Santo cielo papaíto Castro era poco menos que Gandhi y la señora Ruz la Juana de Arco de Birán. Y Fidel y Raúl qué monos, dedicados a derrocar la dictadura. Caballeros andantes, con sus defectos, faltaría más, ¿pero quién no los tiene?
Trescientas páginas después, ay, traicionan la Revolución tan necesaria y hacen cosas “inaceptables”.
La mirada de Juanita se me hace especialmente repulsiva porque es la de una burguesa cubana de los años cincuenta con todos los prejuicios de casta y todas las taras catoliconas. Más que “fuente primaria” como afirma mi estimado Carlos Alberto Montaner en el prólogo, estamos ante una fuente seca. Seca a fuerza de sentimentalizar todo lo que toca.
Un ejemplo entre miles. El encuentro en México entre un capitán llamado Fernando Gutiérrez Barrios y Fidel Castro:
-Yo no estoy cometiendo ningún delito en contra de México, ni de los mexicanos- dijo mirando fijamente al capitán-, yo sólo estoy luchando por mi pueblo (bla bla bla).
Pura novela heroica ¿cómo sabe la redactora de estas “memorias” (que se hallaba en Cuba en el momento del encuentro), que el “héroe” miró fijamente al capitán?
En fin. ¿Fuentes para qué?
¿Leen ustedes revistas del corazón? Bueno, esta tiene cuatrocientas páginas.
¿Y saben quien fusilaba en Cuba? ¿Los Castro? ¡Por santo Mameluco de Birán! Nada de eso. ¡El Ché! Sólo el Ché. Juanita pasa por encima de los fusilados por sus hermanitos de puntillas, saltando como una bailarina. ¿Fusilados de Raúl? ¡Es mucho más interesante su boda (la de Raúl)! ¡El tocado de perlitas que lleva Vilma, qué bien le sienta! Tra la la, tra la la.
Llamen a la Revista Hola.
¡La historia secreta!, dicen los vendedores de libros. Nada que no hayamos leído en otra parte. Otra vez la mercancía podrida de la Revolución traicionada.
Pero no. Era una república imperfecta pero estupenda, elegante, compleja y rica culturalmente. Sobre todo comparada con lo que trajeron los hermanitos Castro.
Nada hay de decoroso, honrado o romántico en la gesta de los Castro. Sólo empobrecimiento, muerte, hambre y barbarie, desde el primer día.
Y nada puede cambiar esta verdad.


















