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Martes, 4 de septiembre de 2018

La base estaba cerca de un pueblucho espantoso llamado Los arabos Cuba está llena de puebluchos espantosos pero Los arabos está entre los más espantosos. De allí nos iban a llevar a la zafra, casi un año en aquellos campos de caña quemada comiendo menos que los negros esclavos en tiempos de la colonia y trabajando más que los negros esclavos en tiempos de la colonia. Pasábamos las noches haciendo guardia y, cuando no estábamos de guardia, sentados bajo un árbol hablando de mujeres meses sin ver una mujer qué vileza someter a un hombre a algo así. En la base entraban perros vagabundos que de los alrededores venían a buscar sobras o calor humano tal vez. Había un teniente oriental bajito entre los cubanos los orientales son los más bajitos y los habaneros los más altos, pero eso era antes ahora todos los cubanos son enanos. Yo fui el último cubano alto, creo. El teniente salía todas las tardes al caer el sol a esa hora la más desoladora en un campamento militar y disparaba a los perros. Les disparaba con un M-52, que son fusiles mucho más precisos que los AK-47. Ponía una rodilla en la tierra recuerdo apuntaba cuidadosamente y disparaba en la luz abrasada y se veía aparecer un rosetón rojo en el costado del animal alcanzado que aullaba y se revolvía antes de caer. A cierta distancia yo contemplaba la escena y soñaba todas las tardes con disparar a aquel hombre pero la vida nunca es lo que debe ser.

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© Juan Abreu, 2006-2018