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Vamos a visitar a los Camacho. El lugar de Jorge y Margarita es la hierba del tiempo y el pecho del dragón. Michaux, Benoit, Lam, Cuevas, Miró, Matta, Cárdenas, Toyen, Mimi Parent, Hans Bellmer. Un hacha petaloide taína. Basalto. Ranas negras. Una foto de Jesse Fernández. El tótem, las danzas de la muerte, la mesita para dibujar y el caballete en su rincón bajo el ventanal.

Reina el orden. Té y pastas de las que se derriten en la lengua. Coco.
P. se dispone a hacer el retrato del Maestro y su Musa. Se ve bien el Maestro, animado, y nos habla de sus nuevos proyectos. Entre ellos uno que consiste en fotografiar hermosas jóvenes vestidas a lo garçons.

Extraer su lado masculino que todas lo tienen así como nosotros lo tenemos femenino. Pero nuestro lado femenino ay tiene siempre una gota de angustia. Las mujeres en cambio, al ser superiores, son bisexuales sin desasosiego.

Le hablo a Camacho de la extraordinaria muestra de James Ensor en el Musée d´Orsay. Qué lugar. Allí me acomodo cerca de las esculturas de Camille Claudel y contemplo los techos, el aúreo reloj. Junto a las de Camille las esculturas de Rodin muestran su lado más pueril. Subo a ver el autorretrato de Bonnard.

P. mira la luz como quien mira una entrepierna. Dedito de whisky. ¡Empuñad esa lanza ritual de las Islas Marquesas! El espléndido dibujo que le hizo José Ygnacio Bermúdez en Washington. Ahora el pintor está escoltado por los bulul, que propician las buenas cosechas. El sofá de Camacho es el lomo del cachalote. Pero el cachalote en praderas africanas, en lo intrincado de un monte dominicano, en las selvas venezolanas.
Pájaros.
Camacho ha descubierto Google y allí se va a por música: Amadeo Roldán, Caturla. Nombro a la gran Zenaida Manfugás. En el caballete, un cuadro oscuro de los años sesenta.

Los cuadros de Jorge Camacho son fulgores que permanecen y se acrecientan después del incendio; paisajes reanimándose luego de la batalla; cenizas fosforescentes; lluvias que se rebelan y caen a la inversa; bosques petrificados donde el lobo, aunque aplastado por la luna (esa mueca, esa burla) aún sigue aullando.

Los cuadros de Jorge Camacho son el agujero de Alicia, labios mayores y menores dulcemente rasurados, manadas de conejos blandos; los arenales del lince, las rocas de las que está hecho el viento; los cuadros de Camacho son los parajes subterráneos que siempre nos acompañan y que parecen estar hechos de huesos resecos pero en verdad están hechos de semen.

¿Más té cariño?
Margarita debería llamarse Devoción, y es todo lo que un hombre necesita cuando lo cerca el tiempo.

Quedan pocos lugares donde la isla pavorosa deja de serlo. Este es uno de ellos.


Camachos by © P. Portal

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