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Viernes, 17 de agosto de 2018

Ya he leído 460 páginas del libro de Sebag Montefiore y voy sacando algunas conclusiones, entre ellas, esta: Stalin no asesinaba por ideología ni por racismo ni por ningún motivo decisivo, mataba sin razón (y algún placer, creo), mataba porque podía y porque le divertía disponer de la vida de otros y sospecho que para entretenerse. Stalin no era un asesino, era EL asesino. Indiferente, implacable, cruel, casual. Ya saben ustedes que me gusta comparar dictadores y asesinos y aunque aún no he terminado el libro, me faltan 300 páginas, estoy completamente seguro de que Stalin, comparado con Hitler, fue un asesino más auténtico. Voy leyendo y recorriendo podría decir el escenario y los campos y las ciudades y las aldeas rusas y soviéticas y todo hasta donde alcanza la vista anegado en la bajeza, la ineptitud, la zafiedad y la vulgaridad beoda rusa y soviética y anegada en sangre, naturalmente. Y no puedo dejar de preguntarme qué clase de basura tiene que ser la llamada Humanidad para que Stalin y su camarilla de rufianes, asesinos, violadores de niñas, degenerados, canallas e imbéciles es decir su bando comunista y socialista y la izquierda que representan haya pasado a la Historia por el lado bueno, progresista, de la Historia. Y no puedo dejar de responderme basura de la peor especie de la más infecta basura (siempre liderada por la intelectualidad y por los escritores y poetas, gentuza infaliblemente al servicio de lo peor) esa clase de basura hemos sido.

Y somos.

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© Juan Abreu, 2006-2018