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Domingo, 12 de agosto de 2018

Crecí en un barrio pobre y periférico como se dice ahora y lleno de matones. Ahí aprendí de malas maneras la forma de ejercer el poder de los matones: se reduce a amenazar con la violencia o a ejercer la violencia. Después tuve oportunidad de estudiar muchos años la conducta de los matones porque en la isla donde nací un matón se hizo con el poder e impuso una dictadura de matones. Cuando los Castro llegaron al poder Cuba dejó de ser un país y se convirtió en un barrio pobre y periférico regido por un matón. Hablo de esto porque leo que los matones de los lazos amarillos, es decir los separatistas golpistas antiespañoles catalanes, golpearon a un señor en Lérida. No voy a decir (aunque lo pienso) que lo mejor que podría haber hecho el señor en cuestión es devolver el golpe al matón, pero sí diré que según mi copiosa experiencia con matones los matones el único idioma que entienden es el de la violencia. Cualquier otra medida lo que consigue exclusivamente es exacerbar su agresividad y su prepotencia.

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© Juan Abreu, 2006-2018