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Lunes, 6 de agosto de 2018

La felicidad es siempre más fugaz que, digamos, la pena, que dura y a veces no pasa nunca, y en los buenos tiempos del jardín y de la piscina esto se apreciaba con gran claridad. Cumbres de magnificencia dichosa vivíamos, pero efímeras. Yo siempre me estaba diciendo, sentado bajo el olivo, si esto permaneciera de alguna manera si quedara algo. Lo he intentado como se sabe por escrito pero toda literatura es ficción, es decir cobardía e invención. En verdad nada queda de aquellos buenos tiempos salvo en ocasionales marejadas en mi cerebro y en un gran sentimiento de superioridad moral, que es lo que viene a ser a fin de cuentas la libertad. No queda nada, es verdad. Pero. A veces venía Pedrito gran fotógrafo desde Miami y no más llegar le decía yo, documenta Pedrito, documenta. Y él documentaba. Por ejemplo, véase aquí a la Niña Italiana haciendo una cabriola. No es lo que fue naturalmente porque la fotografía como todo lo que llamamos arte es incapaz de penetrar el muro radiante, pero a veces puede dejarnos una preciosa esquirla.

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© Juan Abreu, 2006-2018