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Viernes, 3 de agosto de 2018

No he visto a mi gato amarillo en todo el día y comienzo a preocuparme. Dice Marta que seguro está por ahí escondido pasando el calor. Tiene dos o tres sitios a la sombra, sabiamente escogidos, diría yo, donde se refugia del calor, que yo lo sé porque buscándolo lo he encontrado varias veces en esos rincones frescos. Pero. Hoy no está en esos sitios. Mi gato amarillo es como yo pero en gato. Ambos mimosos y grandes cazadores, diferentes presas eso sí. Él se come las suyas, yo las mías sólo las chupo. Buena salud, además. A veces padece de estreñimiento pero enseguida le leo un poema de Caballero Bonald y hace su caquita. Mi gato cuando estoy escribiendo se sube en el escritorio y sobre el teclado y hasta que no estoy un rato acariciándolo no se va. Y ya son las cinco de la tarde y no da señales de vida mi gato. Uno se pasa la vida intentando convencerse de que la vida es otra cosa pero la vida es sólo el clamoroso espacio entre una y otra pérdida.

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© Juan Abreu, 2006-2018