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Miércoles, 4 de julio de 2018

Cenamos bajo el olivo. Es esa hora al borde de la noche en la que los pájaros cantan sumergidos. Rosa tiépolo, blanco melville, plancton del sur. Llueve la hiedra. Estamos sentados uno frente al otro. Nunca me he cansado ni me cansaré de mirarte y si fuera posible te miraré después del día final. Todos estos años. Hablamos de las cosas del mundo y de asuntos más importantes hablamos del jardín. Hablamos de la llegada del meteorito. Hablamos del carácter nauseabundo del mundo y hablamos de los perritos tumbados a nuestros pies. La luz, a medida que se extingue, se hace materna. Y el cielo es un pez de la profundidad abisal.

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© Juan Abreu, 2006-2011